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Página 1 de 2 Cuenta la leyenda y los abuelos, que allá por 1908 en puebla, cada 16 de septiembre se hacía una fiesta en el barrio de San Miguel, que duraba toda la noche para el que lo aguantara, había muchos juegos y toda la gente del lugar asistía, desde los niños hasta los abuelos, las señoras con bebes en brazos y las señoritas casaderas, desde luego, acompañandas de alguna chaperona. La fiesta comenzaba por eso de las 12 de día, los puestos de chalupas, de dulces y de juegos, eran el escenario perfecto para divertirse, los gritones de la lotería tenían una batalla con los relinchos de los caballos y así, poco a poco, el barullo de la gente hacía que los gritos feran cada vez más fuertes.
Así transcurría el día de feria, el pulque comenzaba a correr junto con el aguardiente y antes de que la noche llegara, ya había borrachitos en las esquinas de las calles, muchos habían recibido dinero, sea ya por la raya o por trabajos fuera de las haciendas en donde muchos peones trabajaban. Uno de esos peones, venia de acatzingo, se llamaba pablo y habia llegado con 20 pesos, un buen dinero en la época y como se veía muy necesitado pro que acababa de nacer su hijo, pensó en probar suerte en la baraja, suponiendo que podría llevar más dinero a su casa y por el temor que le tenia a su mujer, no le había dicho que iba a asistir a la fiesta. Así que desde que llegó, comenzó a estar de mirón en los diferentes puestos que había y al llegar la hora de la tarde, saó unos tacos que llevaba, pues quería disponer del dinero solo para apostarlo y no gastar en comida, que seguramente solo le quitaría oportunidad de ganar más, según el. Lo bueno del a fiesta, para muchos tahures, era la noche, por que muchos de sus clientes ya estarían pasados de copas y así podrían hacer trampa y quitarles todo su dinero, y muchos peones se deslumbraban con los fuegos artificiales y se sentían más contentos, atizándole al mezcal más de la cuenta cuando el pulque se acababa, pues era más barato. Entonces pablo, con sus huaraches sucios y gastados, se tapo con su sarape lo que su camisa de manta no cubría, asentó su sombrero y se fue a una de las mesas de cartas improvisadas en la calle y se sentó, al ver el tahur que no tenía encima gota de alcohol, le puso un vaso con mezcal, cortesía de la casa, para que entrara en calor, por que los vientos fríos de la temporada y de la noche ya estaban llegando. Pablo al ver que era gratis y sintiendo que el sarape no le paraba el frío, acepto y con cautela comenzó a beber, mientras uno de los paleros le ofrecía un cigarro - 'Orale amigo, para que se anime y cuando gane me invita uno a mi', le dijo el desconocido -'Si patron,muchas gracias a su merced' le contestó pablo mientras pensaba para si, 'si gano, ¡Que te voy a invitar!' y así comenzó la ronda de juego para pablo, que el tahur lo dejo comenzar a ganar muchas manos, mientras pablo hacía apuestas pequeñas de 20 o 50 centavos a lo mucho y cada mano, el tahur lo apresuraba con su vaso y le servía cuando se acababa. A eso de las 10 de la noche, pablo ya estaba más alegre, tanto por que habia ganado, tanto por que estaba bebeindo ya más de la cuenta y aceptaba mas gustoso los cigarros que le ofrecia su amigo, que le habia traido buena suerte. Pero entonces, con la copa de esa mano, Pablo comenzó a perder, primero en cantidades pequeñas, luego fue subiendo la apuesta como su 'amigo' le aconsejara para que se recuperara, y cada vez se sentía mas desesperado, pues casi en media hora había perdido todo lo que había ganado más 18 pesos de lo que traía cuando empezo a jugar. La ultima mano, pablo estaba ya borracho y avento sus dos ultimos pesos, el tahur jugaba albures y pablo se sintió ganador cuando le salio una reina, bebio de prisa su vaso de mezcal y el sudor ya le corria por la frente, pensó que iba a a comenzar a ganar otra vez pero no contó con que ya hacía sueño en la cabeza del tahur y a ver que no teniamas dinero su buen cliente, se preparaba para levantar su puesto e irse a dormir. Casi sintío el buen peón de acatzingo que iba a caerse de la silla cuando un rey salio, se quedó blanco, inmóvil y sus ojos no dejaba de ver la carta que acababa con sus esperanzas de ser poco menos pobre ese día. Al recoger las cartas y el dinero, el tahur, sonriente y con saliba entre sus bigotes, se acomodó el sombrero y su cigarro, se quedó viendo al buen pablo y le pregunto si quería seguir jugando, que sacara el guardadito y le daba la revancha, el palero se levantó y se fue, ya había trabajado esa noche y solo esperaría su paga.
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